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“Escribe el libro”

“Escribe el libro” es el título de una las alarmas en mi celular. Desde hace un par de meses decidí escribir la historia de ciencia ficción que ha estado en mi cabeza en los últimos tres años. Lo cierto es que cuando me senté a estructurar la historia no sabía si iba a estar listo para escribirla, debido a que la historia en sí es grande y exigente (Vamos, que llevo escribiendo desde hace un tiempo y ya sé cuándo una historia es más grande que yo). Pero seguí intentando. En el proceso, tuve suerte de intercambiar correo con Rosa Montero, una autora que admiro mucho, en donde me aconsejaba olvidarme de los géneros literios y escribir sobre lo que me obsesionaba. Además, en medio de ese contínuo proceso de trabajar el argumento de mi novela, conocí a Victoria Schwab, quien estuvo de paso por Lima. Y me quedé con esa pequeña dedicatoria que me dejó en uno de sus libros: “Las historias suceden una palabra a la vez”. Así fue como tenía la motivación …

Descubriendo a Deborah Levy

«Hoy se me cayó el ordenador portátil sobre el suelo de cemento de un chiringuito playero. Lo llevaba debajo del brazo y se deslizó de su funda de goma negra (que tiene forma de sobre) para acabar aterrizando con la tapa hacia abajo. La pantalla se ha resquebrajado por completo, pero al menos sigue funcionando. Toda mi vida está dentro de ese ordenador; no hay nadie que me conozca tan bien como él. Quiero decir que si él se rompe, yo también». Así empieza este libro de Deborah Levy. Lo leí en la librería mientras ojeaba las novedades. Me dejó pensando en cómo es que mi vida también se encuentra en una laptop que ya tiene siete años y no cierra tan bien como debería. Vuelvo a ver el libro de Deborah y anoto en mi mente (y en mi celular) el título para poder comprarlo cuando tenga algo de dinero. Últimamente los libros que leo me sacuden el alma de tal manera que me dejan pensando en mi pasado, mi presente y el futuro …

Coleccionando atardeceres

Ayer, después de mucho tiempo, volvimos a ver el atardecer. El cielo celeste que va tornándose naranja a medida que el sol va descendiendo hasta perderse en el horizonte y, una vez al otro lado del mundo, dejarnos un cielo violeta como si alguien lo hubiera pintado a toda prisa. Mientas conversábamos caía en cuenta que a lo largo de estos últimos meses ver atardeceres se ha convertido en una de las actividades más relajantes cuando no estoy escribiendo o descubriendo cafeterías nuevas. «Yo colecciono atardeceres» es una frase que vino a mi mente hace unos días, mientras escribía una carta. Pero pensando mejor en el por qué de esta actividad caigo en cuenta que me gusta ver el atardecer no por el atardecer en sí, sino por la persona con la cual estoy acompañado mientras lo aprecio. Estamos juntos pero en silencio, el cual es llenado por el sonido del mar y la canción del viento (¡Hola Murakami!). No nos decimos nada pero es en las miradas que nos damos de vez en cuando donde …