Notas de un escritor
Dejar un comentario

Cambiando el agua de las plantas

El otro día recordé que, antes de mudarse a España, mi madre me encargó sus plantas de agua. Preocupado subí a la azotea y las encontré en la misma esquina en donde las había dejado hace varias semanas.

El sol les daba por completo y muchas de sus hojas estaban ya marchitas. Lo primero que hice fue traerlas conmigo a la cocina, en donde hice un espacio. Limpié los envases en donde estaban y los volví a llenar de agua limpia.

Entonces comencé a retirar las hojas muertas y fue ahí en donde comencé a comprender que las plantas tenían mucho para enseñarme…

Como lo veo yo, las hojas marchitas representan las cosas que tenemos en nuestra vida y lamentablemente ya no funcionan, por más que nos esforcemos, cambiemos de agua y pongamos un rato al sol y luego a la sombra, ya no se podrá hacer nada. Lo que queda por hacer es retirarlas con mucho cuidado para que no lastimen a las demás hojas que aún están a salvo.

Entonces comencé a retirar las hojas marrones. La primera que jalé de un tirón salió junto a una hoja verde que apenas comenzaba a crecer. Me dolió bastante. ¿Es así, entonces? me pregunté, cuando intentamos arreglar las cosas a nuestro alrededor, debemos hacerlo con mucho cuidado de no lastimarnos, de no herirnos y, sobre todo, de no caer. Y si caemos, esperar un momento para levantarnos y seguir retirando aquellas hojas marchitas.

A medida que iba retirando las hojas, comenzaba a verlo mejor. Ahora el verde predominaba y todo lo marrón se había ido. Entonces, ¿de eso se trata? De que en algún momento terminemos de retirar todo ese dolor y pensamientos que lastiman, para comenzar a estar bien, a observarlo todo como realmente es, algo bueno.

Si tras pasar varias semanas sin agua y expuestas a un calor infernal, las plantas sobrevivieron. Yo también podría lograr sobrevivir a toda esa desesperación y depresión que me visita sin previo aviso. Mi labor de retirar las hojas marchitas comenzó gracias a las terapias, la música y los libros. Siempre los libros.

Luego de retirar las hojas muertas me quedé con plantas cuyos tallos largos estaban casi desnudos, con solo algunas hojas verdes que asomaban y volvían a respirar. Es así como nos quedamos después de una relación de mucho tiempo, una vez que has retirado el dolor y la tristeza, lo que te queda es un corazón frágil y muchos recuerdos felices que ya no volverán.

Entonces continúas, regresas a lo que hacías antes de descuidar las plantas. Vuelves a cambiar el agua cada semana, las pones al sol por un momento y luego las dejas en la sombra. Limpias las hojas del polvo que puedan tener y poco a poco comenzarás a ver cómo el verde decora la azotea y tu corazón es un lugar más tranquilo.

Recuerdo un cuento de la escritora argentina, Hebe Uhart, en donde ella regaba las plantas y hablaba sobre su vida, el paso del tiempo y no sé qué cosas más. No recuerdo el cuento en sí, pero recuerdo la sensación que me hizo sentir. Y ahora que salvé las plantas de mi madre, siento eso mismo. Supongo que cuidar las plantas es sinónimo de que, a pesar de la tristeza, me sigo cuidando. ¿Esa era la última función de regar las plantas, Hebe? ¿Compartimos ambos la misma búsqueda? ¿Dolerá para siempre?

Aunque a veces no tenga sentido, no tenga ganas de hacerlo o no tenga confianza en que hará alguna diferencia, siempre se debe cambiar el agua de las plantas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s