Notas de un escritor
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Kafka en la Orilla otra vez

De pronto tuve esta sensación de querer estar en otro lugar. Por supuesto, sé que físicamente me es imposible en estos momentos porque es día de semana y se da la ligera curiosidad de que me encuentro trabajando con un horario de oficina. Por supuesto, la respuesta rápida es agarrar algún libro y leerlo.

Pero esto es lo que sucede…

En estos momentos, mientras escribo esto, no estoy siendo capaz de concentrarme en historias que me resulten largas y/o tediosas. Esto es algo subjetivo, porque puede que un libro sea realmente largo pero al leerlo no me parezca en absoluto largo y para nada tedioso. Tiene más que ver con la historia que no me logra capturar.

Me acaba de pasar con el segundo libro de “La Muerte del Comendador” de Haruki Murakami. Y honestamente me molesta bastante que me haya pasado eso, porque disfruté la primera parte y, además, Haruki es uno de mis autores favoritos y más importantes en cuando a influencias se refiere.

Sin embargo, lo dejé pasar. Hay libros que nos van a gustar y otros no (ok, también considerar que puede que simplemente no sintonicemos bien con el libro por el momento. A veces las cosas no terminan por caer sobre su propio lugar), es así de simple. Por más que sea de nuestros autores favoritos.

Pero mientras esperaba por el bus, seguía teniendo la necesidad de estar en otro lado. Tenía otro libro conmigo, uno de cuentos, escrito por un amigo y lo leí. Me entretuve y me ayudó a llegar a casa e ignorar el tráfico y el calor. Pero de todos modos, sigo teniendo la necesidad de una historia que me traslade mentalmente a un lugar en donde nada duele y todo sea tranquilo. De inmediato vino a mi mente otro libro de Haruki Murakami, “Kafka en la Orilla”. A quienes me preguntan, siempre digo que es uno de mis libros favoritos.

Pero solo lo he leído una vez. Sin embargo, recuerdo muy bien aquella primera vez. Atravesaba varias dudas personales y profesionales. Sin querer me encontré con una historia larga pero para nada tediosa, era todo lo contrario. Me encontré con un amor genuino por los libros y los momentos de soledad en medio de árboles. Me comencé a encontrar junto a Kafka Tamura, el protagonista. Recuerdo todo eso. Incluso la sensación de calidez en el pecho y la sonrisa que tenía siempre que lo leía.

Desde ese momento habrán pasado poco más de cinco años. Quizás más. Recuerdo en una entrevista a Murakami en donde mencionaba que “Kafka en la Orilla” era un libro para leer al menos tres veces en tu vida, pero en diferentes momentos. Quizás me encuentre en uno de esos momentos diferentes.

Debe ser así, porque en estos momentos mi vida ha cambiado de una manera algo drástica. La década de los años 20s apenas ha comenzado pero ya me tiene agarrado del cuello. Me ha dado un par de sacudidas de las cuales salí herido pero vivo. Y ahora ando aprendiendo a balancearme por mi propia cuenta. Sí, quizás sea lo que necesite en estos momentos.

En la mesa están los libros de Anna Starobinets, Le Clézio, Pratchett y Samantha Shannon. Espero que no se molesten por saltármelos y leer otro libro. Seguramente sabrán comprender que mi corazón busca que la tormenta de arena por la cual atravieso se termine pronto. Tal y como lo hizo con nuestro viejo amigo, Kafka Tamura.

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