Escritura, Notas de un escritor
Dejar un comentario

El último día del 2019

En el último día del 2019, me desperté sobresaltado. Había estado soñando nuevamente con mis héroes literarios. Otra vez era Hemingway y las calles de París.

A estas alturas sé que el haber estado en París por unos breves cinco días ha calado en mí mucho más de lo que habría imaginado. A decir verdad, me habría gustado quedarme para siempre y no volver, pero la culpa es mía por no haberlo mencionado en aquel momento. Tampoco sabía que iba a terminar por recordar tanto aquella ciudad. Luego está Ernest Hemingway con sus cuentos y su novela “The Sun Also Rises” (Fiesta, en español) en donde habla de París y de sus paseos por la ciudad. También está ese libro de ensayos y memorias titulado “París era una fiesta”, el cual fue publicado póstumamente.

Todo eso hace que muy dentro de mí esté buscando alguna excusa para volver a la ciudad de las luces.

En el último día del 2019, luego de lavarme la cara y mirarme al espejo pensé en el paso de los años y en todo lo que había logrado en esta década. Lo cierto es que logré pocas cosas pero significativas, sin embargo sigo en el mismo lugar (físicamente hablando). Quizás sea momento de cambiar eso. Ya lo dije antes, pero me gustaría poder pasar gran parte de esta década que comienza viviendo en otro país. Siento que hay algo esperando por mí allá afuera. Algo que me llama pero mis oídos no lo pueden escuchar, sino que es mi corazón quien lo escucha. ¿Existe esa clase de llamado? ¿Es así como se sintieron todas esas personas que cruzaron el mar y volaron el cielo buscando cumplir sus sueños, metas y vencer sus miedos?


En uno de los últimos meses del 2019, soñé con Hemingway. Caminábamos por las calles de París, mientras le preguntaba cosas sobre libros y formas de escribir. De pronto las calles empedradas de la ciudad comenzaron a cambiar, había más gente alrededor y las veredas se llenaron de turistas, carritos con comida y grandes tiendas con luces de neón.

—¿En dónde estamos? —Me preguntó Hemingway.

Miré alrededor.

—No lo puedo creer… —dije. Estaba sorprendido—-. Esto es Myeongdong. Esto es Seúl. ¡Estamos en Seúl! —Fue lo único que pude decir, mientras escuchaba a las vendedoras exclamar la famosa frase de “one plus one” repetidas veces.

Hemingway asintió y sonrió.

—París es mía. Esto es tuyo —puso sus manos sobre mis hombros—. Yo busqué París porque era lo que necesitaba y escribí sobre ella. Tú tienes Asia.

—Pero yo también quiero un poco de París —le dije.

—Y la tendrás, chico. Por supuesto que la tendrás. Es solo que aquí es donde estarás mejor —me dijo, mientras volvíamos a mirar las calles del barrio de Myeongdong.

Se podía decir que conocía muy bien aquel lugar, después de todo había pasado casi un mes viviendo a unas cuantas cuadras de esas calles y siempre las recorría durante las noches buscando algo para comer.

—Tengo mucho miedo de no lograr nada —dije luego de un momento.

—Entonces usa ese miedo para lograr hacer todo —me miró y sonrió—. Ve y escribe sobre París, Seúl y todas las ciudades que quieras, pero escribe fuerte y claro. Ten el corazón en la mano.

—Eso haré —respondí.

Entonces desperté. Y por extraño que parezca, tenía la mano sobre mi pecho y unas cuantas lágrimas caían sobre mi rostro. Miré al costado para ver si había alguien a quien contarle todo esto, pero no había nadie. Nunca había nadie. Así que salí de la cama, me lavé la cara y me puse a leer un libro de cuentos mientras pasaba algo de café y asimilaba el sueño que había tenido y ahora escribo.


En el último día del 2019, me doy cuenta que la forma de vencer mis miedos es escribiendo fuerte y claro, tener el corazón en la mano y terminar aquellas historias que me atormentan. A veces, apagar el celular es un buen ejercicio de concentración.

Ahora mismo suena el disco “From The Yellow Room” del pianista coreano Yiruma. Me gusta poner ese disco temprano en las mañanas, antes de las seis, cuando todos duermen y el cielo aún no es celeste. Así me siento en completa conexión conmigo mismo y es donde recuerdo mejor los sueños que tuve la noche anterior. También me permite escribir con honestidad y ser fiel a mí mismo.

Escribir es fácil. Cualquiera lo puede hacer. Lo difícil es hacerlo siempre. Mantener una disciplina y seguir contando la historia que tienes hasta finalizarla por completo. Es algo que he aprendido a dominar a lo largo de todo este año. Se podría decir que sí, pero el problema estos días es que no sé qué escribir. Tengo muchos temas y todos se ven apagados por el ruido que tengo en mi mente y las dudas que hay sobre mi vida. Me gustaría poder tener certezas. A veces son necesarias para poder escribir. Aunque Haruki Murakami dijo que él escribe para poder tener certezas. Quizás, esa sea una ruta.

(Caminando por las calles de Myeongdong)

En este último día del 2019 me entrego por completo a la idea de ser novelista. Una nueva década comienza y he decidido que quiero ser más escritor que cualquier otra cosa. Trabajar en una oficina para tener dinero para el café y los libros es una forma, pero hay otras más.

En este último día del 2019 escribo con miedos y ansiedades, pero escribo fuerte y claro. Con el corazón en la mano.

Tal y como un viejo amigo me dijo una vez en un sueño.

Feliz último día del 2019.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s