Escritura
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Escribiendo mientras suena Lo-Fi

He caído en la conclusión que siempre que no sé cómo continuar una historia que me encuentro escribiendo, tiendo a escribir en la libreta de notas con la cual siempre ando.

El otro día, mientras escribía con una de mis plumas favoritas, un señor se acercó a la mesa en donde estaba. La cafetería italiana que frecuento de vez en cuando es algo antigua y como es de esperar la frecuentan muchas personas mayores. “¿Qué haces escribiendo con una pluma?” me preguntó el señor, mientras llevaba una taza de café en la mano. “Pues, así es como me gusta escribir en mi libreta” fue lo único que le dije. El señor asintió y se alejó hasta su mesa.

Yo volví a mi escritura y me di cuenta que para ese momento ya había perdido el hilo de lo que estaba escribiendo. Ni siquiera en una cafetería se puede estar tranquilo, pensé. Quizás lo mejor sea volver a mudarme a un cuarto en donde pueda estar a solas. Aunque pensándolo mejor, la última vez que me mudé terminé viviendo cosas que nunca he contado.

Intentaré poner una sola: mientras jugaba videojuegos, el vecino del costado tocó la puerta y me dijo que tenía que viajar fuera de Lima por motivos de trabajo y que se iba a ausentar por más de tres días. Así que me pidió que cuidara su planta. Ahora que lo pienso, ni siquiera me preguntó si podía, simplemente asumió que podría hacerlo. De todos modos, no le pude decir no. Mi sorpresa fue mayor cuando me trajo la planta que tenía que cuidar, era una planta de marihuana. Para ese momento solo había visto muy pocas, pero no había que ser un conocedor de plantas de ese tipo para darse cuenta que aquella planta que tenía en una maceta de tamaño mediano estaba muy bien cuidada. Así que acepté sin ningún problema. Al cabo de tres días y de haber tenido a la planta en la bañera con la luz encendida (porque esos eran uno de los cuidados que me había indicado su dueño), el vecino volvió y al comprobar que todo estaba bien con su planta y que no le faltaba ninguna hoja, me entregó un sobre de carta. “Por las molestias causadas y el recibo de luz que seguramente te vendrá elevado este mes” fue todo lo que dijo. Yo le dije que no había sido ningún problema y cerré la puerta. Cuando estuve a solas abrí el sobre y vi que adentro había doce billetes de cien soles. Mil doscientos soles por ser la niñera de una planta de marihuana. No estaba nada mal. Por supuesto, luego de una ducha y la correspondiente meditación al respecto, caí en cuenta que esa manera de ganar dinero no era del todo mi estilo. De todos modos, el vecino nunca más me volvió a pedir que lo ayudara con el cuidado de sus hijas. Él se terminó mudando al cabo de dos meses. Y yo seguí en aquel pequeño cuarto por medio año más.

Creo que lo ideal será tener esto en mente para cuando me mude de nuevo. No cuidar nada de los vecinos. Anotado.

Estar en ese estado de no saber cómo continuar una novela es también una especie de bendición. Lo sé porque uno llega a desesperarse tanto que de pronto la mente termina recordando una historia que creías olvidada y le da un nuevo giro a la trama. De pronto, algo que creías era un callejón sin salida termina teniendo una salida trasera genial que hace que la historia (antes olvidada) adquiera un matiz diferente. Por supuesto, me encuentro en esa lucha de seguir escribiendo lo que ya está en curso, pero a veces las cosas no son como uno espera. No se trata de abandonar los proyectos, se trata de encontrar otras formas de acercarnos a ellos y terminarlos. A veces una historia no se escribe como nosotros deseamos. Y aceptar eso es una de las tareas más duras a la cual toca enfrentarnos cuando estamos empezando a considerarnos escritores.

Sumado a toda esa sensación, aproveché en ver una entrevista de Brandon Sanderson en donde hablaba de la magia que creó para las novelas de Mistborn (Nacidos de la Bruma). Ver a ese hombre hablar de la escritura, de su proceso de creador, de cómo es que evalúa sus escenas y no tiene reparo en escribir otras nuevas escenas solo porque quiere contar un chiste en particular, hace que vea la escritura como algo diferente. Mejor dicho, hace que ame la escritura. Si bien es cierto, el considerarnos escritores es algo serio que tiene que ver con el hecho de creernos realmente lo que somos; el escribir no debe ser serio, mas bien debe ser un descubrimiento, tanto del mundo como de nosotros mismos. Creo recordar a Haruki Murakami diciendo que él seguirá escribiendo hasta poder encontrarle el nombre a todo aquello que siente. Con el paso de los años y los libros que he leído, creo que escribir libros es cuestionarnos cosas y leerlos es encontrar respuestas.

Volviendo a Sanderson y su forma de crear historias: él escribe un aproximado de 2,000 a 5,000 palabras por día (en días buenos), pero como mínimo siempre se está tomando unas 4 a 6 horas por día para escribir. No todas de una sola. Por las mañanas puede escribir por dos horas y por las noches, luego de estar con la familia, se dedica a escribir las 4 horas restantes, y así. En realidad se trata de encontrar lo que mejor funcione para ti. Para mejores efectos de este consejo, creo que lo mejor será comenzar a ir con mi teclado mecánico a donde sea que quiera y escribir un poco de la novela en el horario de almuerzo y en algunos descansos.

Nuevo Kit del Escritor que Trabaja: teclado inalámbrico favorito (para sentir que estás en casa) + USB en buen estado + Carpeta en Dropbox (solo por si acaso) + Playlist de canciones en Spotify (para ayudarte con el ambiente de la historia).

¿Les digo algo? A veces solo me siento a escribir para escuchar el sonido de las teclas. Si no me creen, consíganse un teclado cuyas teclas sean mecánicas o que al menos se aproximen a esa construcción, y me comprenderán. Da la casualidad que justo tengo una historia por escribir, así que la avanzo lo más rápido que puedo. Pero por el momento estoy en una pausa, observando otras formas de acercarme a la historia de fantasía, mientras otra historia (una de realismo) que andaba descansando ha vuelto con una nueva forma de acercarme a la trama. Quizás esta sea mi forma de escribir novelas.

Después de todo, como escuché en un podcast de literatura, nosotros no dejamos de escribir una novela por culpa de la pereza, sino por culpa del perfeccionismo. En nuestras mentes tenemos la historia terminada, en producto final y 100% editada. Bueno, nuestro trabajo es construirla hasta ese nivel. Solo que cuesta mucho esfuerzo y a veces, a mitad de la novela, lo abandonamos. Quizás lo mejor no sea abandonar, sino dejar un separador de páginas, cerrar aquella historia y movernos a otra cosa hasta que aquella historia vuelva por su propia cuenta. No se trata de terminar la historia en la que te encuentras solamente, se trata de no dejar de escribir.

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