Escritura
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Ese típico momento de querer dejar de escribir una historia

Cada cierto tiempo, a mitad de escribir una nueva novela me visitan las dudas. Llegan por la madrugada de una noche fría y yo apenas me doy cuenta de eso cuando despierto.

Lo primero que hago es preparar un poco de café. Mientras espero a que la cafetera italiana comience a pasar los granos de café, me voy lavando la cara y cayendo en cuenta de que sigo en la misma ciudad desde hace unos diez años. Me repito que debo comenzar a ver opciones para salir de ahí. A estas alturas es como un mantra.

Mientras estoy en la mesa con la laptop encendida y algunos libros a un costado, me doy cuenta que tengo dudas sobre la historia que estoy escribiendo. Generalmente me pasa cuando estoy escribiendo alguna historia de fantasía o ciencia ficción. Me doy cuenta que me siento distante del resto y del mundo, y que me gustaría poder plasmar la soledad que siento en una hoja en blanco.

Lo usual sería agarrar esa sensación y ponerla en la novela que me encuentro escribiendo, pero hay algo que no está bien. Algo no cuadra y mi corazón es el único que me grita silenciosamente que debo detenerme y no hacer nada por un par de días. Es entonces cuando le digo que eso está mal, que por más que no sepa qué escribir, debo seguir escribiendo. Porque si yo no escribo entonces todo va mal. Así que me detengo por un par de días y es cuando escribo reseñas, artículos para el blog, guiones para el podcast de literatura y, por qué no, ideas para nuevas novelas.

Pero el hecho de ya no escribir la historia de fantasía me sigue molestando. Y me pregunto si por esto mismo han pasado los demás escritores. Seguro que sí. Quizás mi caso es que estoy solo en esto y no tengo a nadie que me diga que siga escribiendo sin importar lo que yo piense, que al menos termine la historia que ya comencé. Es aquí donde comprendo mejor las palabras de Gaiman y Bradbury sobre el hecho de que escribir es el trabajo más solitario del mundo. (Bueno, siendo justos, también lo sería el de guardabosques en medio de una reserva. Eso lo cuenta Jack Kerouac en su libro “El Viajero Solitario”).

Con el paso del tiempo he aprendido a hacerle caso a mi intuición. Y en estos momentos soy consciente de varias cosas. La primera es que puedo escribir lo que sea. De hecho, estas semanas vienen siendo interesantes porque no me resulta ningún problema escribir entre 40 y 60 páginas. A decir verdad, siento que escribir la historia de fantasía es justamente una práctica para las demás historias que escribiré. Y la segunda es que llegaré a escribir una novela en estos meses. El detalle es que no estoy seguro cuál será.

Mi mayor problema en estos momentos es el de poder agarrar toda esa soledad y melancolía que pueda sentir y ponerla en medio de la historia de fantasía. Porque las historias de fantasía pueden albergar grandes abismos de soledad y melancolía, ¿cierto? Pero hay algo más. La prosa de Han Kang, Haruki Murakami, Bae Suah y Hiromi Kawakami, vienen a mi mente y me recuerdan que la soledad es más visible cuando la historia es de realismo.

Pero no estoy del todo seguro que eso último sea cierto. Hay historias de ciencia ficción que retratan la soledad de una manera espléndida. Sin ir muy lejos. En animación japonesa está Cowboy Bebop, en donde la soledad de sus personajes se incrementa con las melodías de jazz. Y en películas de Hollywood, la reciente Ad Astra ofrece un punto de vista único en donde puede que la tecnología haya avanzado y el hombre viaje al espacio, pero la soledad siempre será la misma. (Admito que me quedé dormido al final. Lo siento, Brad, pero era la última función).

Para entonces, he pasado más de tres horas pensando en qué debería hacer y el café se ha enfriado. Hay personas alrededor y es momento de salir a la calle. Es una pena tremenda no poder estar solo para meditar y pensar en uno mismo y el rumbo que tomará la historia que estás creando. Eso es lo que pasa cuando la gente cercana a ti no sabe que eres escritor. Y un escritor necesita silencio y que lo dejen en paz.

No sé a dónde quiero llegar con todo esto que acabo de escribir. Quizás lo escribí como forma de ocupar mi mente por un momento y olvidar el hecho que estoy queriendo dejar de escribir la historia de fantasía que ya lleva… *revisa sus notas* 74 páginas escritas. Eso es mucho. Pero si la historia en algún momento no me convence, entonces no es para ser escrita. Yo creo que, si bien es cierto, debemos escribir en todo momento y terminar lo que comenzamos; debemos también tener la capacidad de saber cuándo una historia no funciona o necesita ser dejada por un breve momento.

Después de todo, es así como deberían ser muchas cosas en la vida. Cuando algo nos cansa, sea el trabajo, los amigos, las salidas nocturnas o la familia, deberíamos poder alejarnos por un breve momento y continuar con otras cosas. Aunque a veces esa brevedad sea para siempre.

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