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Sonidos suaves: Lluvia

Muchas veces me encuentro extrañando ciertos sonidos. Si nos ponemos a pensar por un momento, todos encontraremos que tenemos sonidos que nos hacen sentir de una manera específica. En mi caso, ese sonido es la lluvia.

Como alguien que creció y vivió durante los primeros quince años de su vida en una ciudad con clima tropical, reconozco que siempre he esperado la temporada de lluvias, la cual es entre los meses de diciembre y marzo. Comenzaba con un sonido específico que era el de los truenos a lo lejos, las nubes de un gris oscuro que no hacían más que anunciar la inminente lluvia y el sonido constante e infinito de las gotas sobre el suelo, los techos de las casas y las plantas de los árboles.

Este último es el sonido que me encuentro recordando estos días. Ese leve sonido apagado de las gotas cuando caía sobre las plantas. También recuerdo cómo es que aquellas mismas gotas se deslizaban y terminaban por caer en el suelo. Me fascinaba cómo ese leve sonido apagado de la lluvia sobre las plantas se extendía por toda la ciudad y cuando eso sucedía, aprovechaba en cerrar los ojos y dormir.

Ahora que me doy cuenta, asocio la lluvia a aquella etapa de mi vida en donde no había responsabilidades y nada de lo que sucedía en el mundo adulto me asustaba. La última vez que pude sentarme a escuchar la lluvia fue hace un par de años cuando volví a la ciudad de clima tropical. Es un sonido que extraño de vez en cuando, pero lo que me sorprende es que cuando eso sucede, el sonido de la lluvia viene a mi mente. Es como si hubiese grabado aquellas tardes de lluvia en algún rincón de mi memoria y cuando siento que no puedo más con la vida adulta, la lluvia cae otra vez y comienzo a respirar con calma y los problemas desaparecen o se vuelven más pequeños y fáciles de solucionar.

Si me preguntan, me gustaría decir que por dentro lluevo. Pero no es una lluvia melancólica. Es todo lo contrario. Es una lluvia que calma el dolor y las preocupaciones. Una lluvia que te arrulla y tranquiliza para que, acompañado de ese sonido, comiences a encontrarte otra vez. Es una lluvia que cae por sobre todas las cosas. Y en medio del paisaje rodeado de árboles con sus plantas verdes, hay una cabina en donde tú estás sentado, meditando sobre tus acciones y aprendiendo a perdonarte. El viento que sopla es frío pero no tanto y lo suficientemente ligero para que sea como un acompañante en el proceso de meditación.

He cumplido veintiocho años hace unas horas y me sorprende el darme cuenta que lo primero que he hecho es el de recordar aquella lluvia y comprender que me gustaría perseguir durante un buen tiempo aquel sonido. Me doy cuenta que lo que quiero en realidad es una cabaña pequeña en medio del bosque en donde la lluvia sea bienvenida y me permita conectarme conmigo mismo, el mundo y las personas. Porque, al menos por como yo funciono, puedo estar en paz con el resto de las personas luego de haber estar conmigo mismo.

Por lo pronto, seguiré persiguiendo lluvias.

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