Viajes
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Siempre tendremos Corea del Sur

Últimamente me encuentro soñando las mismas cosas que hice alguna vez pero me gustaría seguir haciendo: comprando un pasaje de avión para algún lugar de Asia, mi mano sosteniendo los pasaportes y los tickets del vuelo, empujando la maleta a través de los pasillos del aeropuerto que por alguna razón siempre está vacío, Stephanie caminando a mi lado mientras observa el itinerario de viaje.

Entonces despierto y estoy en la misma habitación de la misma casa en la cual he vivido los últimos doce años desde que me trajeron a vivir a la capital.

Si realmente es verdad eso que dicen, que el subconsciente muestra los verdaderos deseos que tenemos todos. Entonces quizás sea momento de tomar en serio aquella conversación que tuve con Stephanie hace un año cuando tomábamos unas cervezas al otro lado del mundo:

Sentimientos que las palabras no pueden expresar (una breve narración)

Las dos latas de Hite que habíamos pedido estaban totalmente heladas. El cielo se comenzaba a pintar de un morado pastel que solo había visto en fotos hasta ese momento y el río Han dividía la ciudad de Seúl con calma pero con mucha gracia. A través del puente cruzaban autos y buses con un orden que me seguía sorprendiendo y las personas alrededor comían y tomaban mientras una banda de rock tocaba en el escenario. Era un atardecer de verano perfecto para dos individuos que visitábamos Asia por primera vez.

—¿Alguna vez te imaginaste que estarías tomando una cerveza con tu novia en Asia? —Me preguntó. 

—Ni siquiera me imaginé que tendría novia —respondí. 

Ella sonrió y tomó un poco de cerveza. 

—Se está bien aquí —dijo soltando un suspiro. 

—Pues sí. Eso es verdad. Se está muy bien aquí —asentí. Giré la lata de cerveza con mi mano y observé por un momento la pequeña embarcación que cruzaba el río Han en esos momentos—. La verdad es que sí imaginé muchas veces con que visitaba Asia, pero siempre era Japón y nada más. Jamás imaginé que el primer país de Asia que llegaría a visitar sería Corea del Sur y mucho menos de que lo haría con la persona a la que amo demasiado. —Dije.

Miré a Stephanie y ella volvió a sonreír. Los hoyuelos que se le formaban en las mejillas cada vez que sonreía me hacían sentir seguro. Como si tuviera la certeza de que siempre y cuando ella sonriera, el mundo no nos haría daño.

—Tenemos mucha suerte entonces —dijo.

Miramos hacia una pareja de coreanos que caminaban agarrados de la mano por la orilla del río. En ese momento sonaba una melodía jazzeada de piano y la brisa que soplaba era suave y ligera que hacía que el cabello de Steph se moviera con gracia. Saqué el celular y le tomé una foto.

—Quizás tú tengas más suerte porque le puedes decir a todo el mundo que viajaste hasta Asia con un fotógrafo. —Dije, mientras le mostraba las fotos que le acababa de tomar. 

—Claro. Escribo en mi Instagram que viajé sola, ¿no?

—Solo con tu fotógrafo personal —asentí.

Nos miramos, reímos y chocamos nos nuestras latas haciendo un brindis silencioso por aquel lugar y momento en donde nos encontrábamos. Tomé un largo sorbo hasta terminar la cerveza, aplasté la lata con mi mano y la guardé en una bolsa que habíamos llevado. 

—Me pregunto cuándo es que volveremos otra vez —dijo, de pronto. 

La miré de reojo y noté que ahora observaba la ciudad que estaba del otro lado del río con una melancolía que solo las personas que se despiden de los viajes conocen. La noche ya estaba por llegar y las luces del puente que cruzaba el río y toda la orilla se encendieron, dándole una esencia etérea al momento. 

—Pero aún no nos hemos ido —dije, intentando animarla—. Este momento es precioso. 

—Sí, claro que lo es. Y por eso me encuentro absorbiendo todo lo que tengo a mi alrededor. Hay algo en las personas y su cultura, en esta ciudad y sus mañanas. Hay tanto que no sé ni cómo explicarlo. —Suspiró y tomó lo que le quedaba de cerveza. 

—¿Sabes? Te entiendo muy bien. Sé lo que quieres decir —apoyé mis manos en el pasto y estiré mis piernas, mientras miraba hacia el río Han que ahora estaba iluminado por las luces de colores del puente—. Por primera vez en mucho tiempo te sientes como en casa, ¿no es así? Como si de pronto este continente al fin te recibiera con los brazos abiertos, como alguien que debía de haber estado aquí hace mucho tiempo. Es por eso que tú te fijas en la gente y sus quehaceres, en la cultura que desborda Corea del Sur y en esas mañanas de cielo despejado que no hacen más que brindarte una seguridad y un cariño que no habías imaginado nunca. Es así, ¿verdad?

Ella me miraba con los ojos húmedos y una sonrisa que contrastaba con el cielo nocturno y las luces del lugar. 

—¿Cómo sabes todo eso? 

—Porque yo también me siento así. Yo también busco un lugar en dónde estar.

—¿Y qué hacemos entonces con todo esto que sentimos? —Me preguntó, mientras se secaba las lágrimas con la palma de las manos.

—Siempre nos podemos quedar —dije sin pensarlo tanto. 

—Pero no tenemos tanto dinero. —Respondió. 

—Bueno, entonces regresamos, vendemos todo lo que tenemos, ahorramos algo más y venimos por una temporada. No tiene que ser Corea del Sur. Estoy seguro que Japón, China, Singapur y hasta Tailandia serán lugares en donde nos sentiremos tranquilos.

—Al menos vivamos un tiempo en Corea del Sur —dijo.

Un brillo repentino iluminaba ahora su rostro. Sabía que la idea que íbamos armando en ese momento le atraía bastante. A mí también. Siempre había pensado que en algún momento de mi vida viviría en otro país. Que ese país sea uno de Asia hacía que todo tuviera un mejor sentido. 

—Por supuesto. Siempre tendremos Corea del Sur —sonreí. 

Ella miró hacia el río Han una vez más. La ciudad del otro lado brillaba con sus luces de neón y edificios altos. Por las noches era en donde nos dábamos cuenta que literalmente estábamos al otro lado del mundo. Asia nos había recibido con los brazos abiertos y tanto Stephanie como yo sentíamos un calor en nuestros corazones que no habíamos sentidos jamás.

Se sentía bien compartirlo con ella.

(Fin de la narración)

Ha pasado un año desde esa conversación y ahora solo tengo esos constantes sueños que me recuerdan la promesa que hicimos. Quizás sea momento de volver a conversar y poner sobre la mesa los deseos que tenemos y qué esperamos hacer para realizarlos.

Quizás sea momento de dejar ciertas cosas atrás y seguir adelante con esta vida nuestra en algún lugar de Asia.

(Créditos de la foto destacada: @hello_dongwon)

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