Notas de un escritor
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Un domingo de invierno

Siempre me han gustado los domingos de invierno, porque despierto temprano y preparo café mientras el cielo gris de la mañana cubre toda la ciudad. Hay una calma en el aire frío y una tranquilidad en mi mente que me permite observar todo lo que pasa a mi alrededor. Tanto física como emocionalmente.

A medida que el aroma del café va impregnando la cocina, me quedo de pie pensando en dios-sabe-qué-cosas. Solo sé que es mi corazón el que se encuentra pensante. ¿Se puede pensar con el corazón? Supongo que sí, pero solo con las cosas que importan realmente.

Ahora sentado en la mesa, lo que tengo delante de mí son los libros que ya leí pero no quiero guardar. A veces me pasa que cuando termino de leer un libro lo llevo en la mochila por un tiempo más, porque no quiero que se vaya de mí. No quiero apartarme de las emociones que aquella historia me ha hecho sentir. Solo así me siento capaz de aguantar las cosas difíciles del día a día.

Junto a esos libros están algunos otros que tengo por leer. Ahora mismo están “Recitation” de Suah Bae, “The End (My Struggle Book 6)” de Karl Ove Knausgaard y un par de ciencia ficción. Noto la diferencia abismal entre uno y otro libro, y me doy cuenta que tengo mucha suerte de poder encontrar inspiración en todos esos libros, sin importar el género literario. Creo que fue Neil Gaiman (autor de “American Gods”) quien dijo que había que leer de todo. Uno nunca sabe si la inspiración para tu siguiente novela la encontrarás leyendo una revista de espectáculos. Quién sabe.

Y por último, cerca de todos esos libros que decoran mis mañanas, está mi libreta y mis plumas. De inmediato recuerdo que estoy escribiendo una nueva novela. Esta es de ciencia ficción. Es una historia que ha estado en mi cabeza desde hace mucho tiempo pero que he ido armando poco a poco con el paso de los años. De alguna manera, siento que este año es el momento adecuado para poder escribirla (al fin).

Sin embargo, de vez en cuando, al despertar me encuentro deseando contar otra historia. Supongo que sucede así, cuando uno está lo suficientemente cerca de las ideas y las historias, son estas las que lo eligen a uno y no al revés, como se suele creer. Elizabeth Gilbert (autora de “Comer, Rezar, Amar”) dice que las ideas se encuentran flotando siempre, tan solo hay que atraparlas, pero para eso hay que ser rápido y estar seguros).

Siendo honesto, eso de tener varias historias a la vez es algo que siempre me ha asustado. Siempre he sentido que necesito mejorar mi estilo, mi escritura, mis formas de describir algo. Y aún sigo sintiendo eso. Pero también comprendo que es algo que siempre sucederá, al fin y al cabo perseguir esa perfección que busco en la escritura es como perseguir el horizonte. Nunca se llegará a ningún lado. Sí mejorarás, pero nunca serás perfecto. Nadie realmente lo es. (Quizás Borges lo sea, pero eso es otro punto aparte). Me he dado cuenta que a pesar de todo eso, siempre he estado escribiendo y mi estilo ha ido mejorando. No sé si para bien o para mal, pero cuando me leo ahora me doy cuenta que sigo siendo el mismo pero hay algo distinto. Quizás sea la edad o la disciplina de escribir casi todos los días. A lo mejor algo en mí realmente cambió, es solo que no me he dado cuenta.

Entonces pienso en todas esas pequeñas ideas que me visitan de vez en cuando y entiendo que, al igual que la historia de ciencia ficción que estoy escribiendo ahora, esas ideas están descansando hasta tener una forma más o menos definida y sea momento de ponerme a trabajar en ellas. Comprendo ahora que siempre estoy escribiendo, sea en pensamiento o en garabatos sobre un papel. Las historias siempre se están escribiendo en mi cabeza, en la libreta, en la laptop, incluso en las conversaciones que tengo con Stephanie.

Termino el café y respiro profundamente. Antes me preguntaba en qué momento sería escritor. Eso fue hace muchos años atrás. Ahora me pregunto qué es lo que escribiré ahora. Tengo unas cuantas historias interesantes por contar y eso me llena de emoción.

Me preparo un poco más de café, miro el cielo gris por un breve momento y vuelvo a sentarme en la mesa. Abro la libreta, agarro mi nueva pluma y me pongo a escribir. Es ahí, en ese preciso momento, cuando soy escritor.

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