Desde las butacas

Siempre que veo algunas premiaciones que celebran el arte de cualquier tipo, termino emocionado e inspirado. Hoy desperté un poco más conmovido de lo usual porque uno de mis héroes ganó un premio de la Academia como mejor director y por mejor película, Guillermo del Toro.

Es curioso ver cómo alguien que hace unos años estaba buscando encontrar su voz, está de pie ahora en un escenario, recibiendo un reconocimiento muy grande. Es mucho más curioso observarme y encontrarme motivado por ese hecho, no por querer ganar un premio, sino por querer seguir haciendo arte.

Yo, junto al resto de artistas que estamos frente al escenario, sentados en las butacas, apreciamos estos momentos de victorias porque son los que nos permiten renovar ese interés en nuestras almas y reconocemos otra vez ese amor que le tenemos al hecho de crear.

Yo escribo y quiero seguir escribiendo. Quisiera llegar a tener la sensibilidad con la cual cuentan las historias de Guillermo y estoy seguro que cada pintor, cada fotógrafo y cada persona estudiando para ser director, encuentra algo con lo cual renovar su fe en el arte y en las historias.

Lo que ha hecho Guillermo del Toro es lo que deberíamos hacer todos: entregarnos por completo a eso que queremos hacer. Eso es algo que lo descubrí hace algún tiempo pero a veces es imposible entregarme por completo sabiendo que afuera hay recibos por pagar, necesidades básicas por comprar… Todo eso lo hace complicado, pero es parte de vivir.

Ahora me encuentro en un punto de mi vida en donde estoy observando todos los movimientos que daré, porque por primera vez siento que estoy caminando solo, buscando encontrar mi voz y tratando de hacer el arte que realmente quiero. El problema es que aún no me entrego por completo a eso. Entregarse por completo a eso que quieres hacer, en estos tiempos, es arriesgado. Un suicidio, dirían algunos.

Pero veo a Guillermo, veo sus películas, sus libros, su arte… y me dan la seguridad de que al otro lado hay una orilla a la cual llegarás tarde o temprano. Solo hay que empezar a nadar.

No sé cuándo ni cómo es que me entregaré al arte. Pero cuando lo haga, sabré que el viaje desde las butacas hasta el escenario apenas habrá comenzado.

Felicidades, Guillermo.
Gracias por tu arte.

 

 

 

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