Después de muchos años he vuelto a la ciudad en donde nací, Iquitos. Una isla rodeada de ríos y llena de gente extraordinaria con historias increíbles que me han servido para inspirarme en vivir una vida mucho más plena. Hay mucho por contar y esta es la primera vez que escribo sobre los viajes que hago. No tengo idea de cómo hacerlo exactamente, pero como todo en la vida funciona con primeros pasos, este es uno de ellos.

Iquitos es realmente una isla que existe en medio de la selva de la Amazonía del Perú, está rodeada por los ríos Amazonas, Itaya y Nanay. Para que se hagan una idea de en dónde está ubicada, aquí les dejo un mapa de Google Maps.

La ciudad es una de las más pobladas que tiene el Perú, sin embargo esa denominación ni siquiera la notas cuando caminas por sus calles y vas a lugares turísticos. Es un lugar caluroso, en donde siempre estarás con ganas de tomar cosas heladas. ¡Y realmente hay muchas cosas heladas! Como sus refrescos con frutas de la región y helados con fruta natural (Los llaman “Curichis”).

(Vista de la Iglesia Matriz, ubicada en la Plaza de Armas de la ciudad)

Creo que lo primero que uno nota cuando llega a Iquitos es que el cielo es despejado, las nubes tienen formas curiosas y la vida se siente más apacible. De pronto, toda la prisa con la que vienes de la capital (en mi caso, venía de estar en Lima demasiado tiempo, siendo absorbido por el trabajo en publicidad) se comienza a desvanecer. Lo segundo que notarás es que la gente está dispuesta a ayudarte con las direcciones y cualquier otra cosa que necesites. No soy extranjero, así que no viví eso de primera mano, pero los lugares a los que llegaba para que Stephanie pudiera conocerlos, notaba que las personas locales brindaban toda la ayuda posible a los turistas. Y debo decir que me dio muchísimo gusto ver que mi gente (tengo derecho a decir eso, ¿verdad?) le abría los brazos a extranjeros que buscaban conocer la ciudad.

(Fin del Malecón de Iquitos. Encallado está el Barco Museo)
(Vista desde el Barco Museo. Vemos parte de la selva que ha descubierto el río porque es verano y está seco)

Considero que si uno visita una ciudad por primera vez, toda la ciudad entera es tu “lugar turístico”, pero si nos pegamos a la palabra, esta fue la primera vez que visité los lugares turísticos de Iquitos. Era la primera vez de Stephanie en mi ciudad natal y, lo más importante, era nuestro primer viaje juntos, así que necesitaba que pudiera conocer la historia de la ciudad, conocer a su gente y su comida. Así que aproveché en llevarle a conocer los museos más reconocidos de la ciudad: La Casa Morey y el Barco de Vapor, son uno de ellos. Estos dos museos pertenecen a una misma empresa de turismo, así que si pagas por la visita de uno de ellos, puedes visitar los demás sin ningún costo adicional, solo debes presentar tu boleta de pago.

(Patio interior de la Casa Morey)
(Vista del Malecón de Iquitos desde el interior de la Casa Morey)

Era también la primera vez que miraba Iquitos con otros ojos. Ya no era un niño que solo caminaba por las calles de la ciudad para ir al colegio o a la casa de sus amigos. Ahora caminaba por las calles de Iquitos observando todo, escuchando a todos y entendiendo que era ahí en donde había nacido, y ahora que estaba de vuelta, las cosas se notaban mucho más apacibles, como si el tiempo hubiese pasado sobre las personas pero no sobre los lugares.

(Brochetas al estilo de la región)
(Juane con maduro frito y refresco de frutas regionales)

La comida es algo que siempre me encantó y creo que a Stephanie también le fascinó. Esta fue la primera vez que ella pudo ver cómo es que se preparan las comidas de la región. ¡Todo es rico! Aquí una breve descripción de lo que era comer un día para nada común ni corriente:

Desayuno:
Juane con refrescos de frutas regionales.

Almuerzo:
Chifa (los mejores chifas del Perú, en serio).

Cena:
Brochetas (con ingredientes que solo encuentras en la región).

Lo cierto es que uno ahorra bastante si es que tiene a donde llegar y en dónde comer. Así que tuvimos mucha suerte, llegamos a la casa de mis padrinos y la mayor parte del tiempo comíamos en el restaurante marino de mi tío, quien es un Chef que ha trabajado en cruceros que van de Perú a Brasil, surcando el Amazonas. Se llama Golden Fish y es, a mi parecer, uno de los mejores restaurantes en donde probarás los mejores pescados de la región.

(Un ejemplo de cómo preparan los pescados ahumados).

Este viaje fue el descubrimiento de un nuevo mundo para Stephanie y, en mi caso, un recordatorio de por qué me gustan las plantas, los gatos (en la isla hay unos 4 gatos por cada cuadra. No exagero) y la búsqueda de una vida tranquila y en paz. Asimismo, volví a comprender que la vida es mucho más que estar entre cuatro paredes, mirando una laptop y trabajando para una marca que nunca cambiará. Entendí muchas cosas de mí, de mi familia, de mi madre y de Stephanie también, porque eso pasa cuando uno decide viajar, vamos descubriendo cosas.

(El atardecer visto desde una canoa, en medio del río)

Creo que esto es lo necesario que hay que contar sobre Iquitos. Espero mejorar en futuras entradas sobre viaje. Pero decido quedarme aquí porque creo que para conocer Iquitos, debes venir sin esperar nada a cambio. Es la ciudad misma y la selva enorme que la rodea, la que te dará las cosas, los pensamientos, la inspiración y los kilos de más (si lo tuyo es comer rico, vas a disfrutar mucho de esto).

Habrá una segunda parte de este viaje, pero será un poco diferente. Pero por ahora acabemos con un: ¡Visita Iquitos, te va a encantar!

 

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