De vez en cuando olvido que existe un mundo detrás de las cuatro paredes en las que paso la mayor parte del día, trabajando en una agencia de publicidad. No es un mal lugar, al menos hay gente interesante con historias extrañas. Es solo que desde hace algún tiempo decidí que trataría de ser más escritor que publicista. Sin embargo, a veces falló en ese intento y me encuentro siendo más publicista que escritor y dejo mis plumas junto a mis libretas a un lado de la cama y vivo mis días como una rutina más, siendo la copia de una copia.

De vez en cuando también me pasa que odio demasiado el lugar en donde me encuentro. De pronto ya no quiero seguir ahí, desperdiciando mi tiempo haciendo cosas para otros y nada para mí. Siempre me he considerado una persona directa y práctica: si algo no me gusta, simplemente me voy. Pero a veces, hay que seguir ahí, aguantando las cosas porque no hay más que se pueda hacer. Solo seguir trabajando en lo que uno le gusta, esperando a que en algún momento, alguien o algo te escuche, identifique tu voz y sepa que eres diferente a los demás.

Esta semana que pasó fue una de esas semanas en donde yo era parte de la rutina, había olvidado escribir y ni siquiera usaba la pluma nueva que había comprado junto a Stephanie hace unos meses. Tan solo trabajaba para otros y me sentía miserable por varios otros factores que habían sucedido en la oficina. Entonces, en medio del estrés y el estado miserable en el que me encontraba, sucedió algo peculiar, salió el trailer de una película de un director y escritor que quiero mucho y espero conocer algún día.

La película se llama The Shape of Water y el director es el mexicano Guillermo del Toro. Ya sabía de la existencia de esta película, bueno, sabía que estaba en etapa de producción pero no sabía nada más. Hasta que salió el trailer y pude ver, junto al resto del mundo, de qué trata la historia…

Inmediatamente sentí un golpe en el estómago, como una señal de advertencia. Eso es algo que me sucede a menudo, siempre que veo o leo alguna obra de arte (entiéndase como obra de arte cualquier forma de expresión artística: libros, pinturas, fotos, películas, música, etc), me siento inspirado y cautivado por el hecho de que algo tan perfecto y hermoso pueda existir, me siento afortunado porque lo puedo apreciar, pero también me siento advertido porque comprendo una vez más que el tiempo vuela y yo sigo en una oficina, trabajando para otros y no para mí. El golpe en el estómago se extiende a mi corazón y ahora es el pecho lo que me duele, “Debería estar escribiendo” me repito. A estas alturas es como un mantra que me repito de vez en cuando.

Vuelvo a ver el trailer, una y otra vez, se lo paso a Stephanie para compartirle mis sentimientos. Y ella los entiende, por fortuna ella siempre me sostiene. Ahora lo que siento es miedo de seguir en ese mismo lugar, de no poder crear algo así de perfecto. Cojo mi pluma que tengo guardada en la mochila y escribo en la libreta lo primero que se me viene a la mente:

“No quiero estar aquí. Sé que necesito el dinero, pero no quiero estar aquí. ¡Mira esta historia! ¡Mira lo que me hace sentir! ¡Mira lo que estoy recordando otra vez! Me siento vivo y en paz mirando este trailer nada más. Quiero escribir algo así. Quiero que alguien en algún lugar vea mis historias y sienta que puede hacer algo más que solo sentarse en una oficina por más de ocho horas viendo un monitor. Ya no quiero estar aquí. Ya no quiero seguir aquí. Dios, ayúdame. Dame fuerzas para escapar, para escribir, para gritar en palabras a través del teclado y a través de mi pluma. Dame entendimiento y amor propio. Dame la vida suficiente para contar las historias que quiero contar”.

Y eso es. Lo saqué todo a través de mi primera pluma que compré cuando tenía 22 años. Me siento y respiro, las cosas en la oficina siguen como antes pero dentro de mí todo ha vuelto a cambiar otra vez. Ahora tengo un fuego que arde dentro de mí, un fuego que siempre he tenido pero a veces olvido, solo tengo que escribir. Seguir aguantando. Seguir siendo más escritor que publicista.

La semana terminó con dos noticias que me alegraron el corazón y me ayudaron a olvidar la terrible semana que tuve. La primera que llegó, fue desde España. Mi editorial aceptó la revisión final de mi manuscrito y mientras estas palabras son escritas, mi primera novela se encuentra en proceso de maquetación. Además, escribí los agradecimientos y todo se sintió extraño, como si fuese el sueño de alguien más, pero lo cierto es que es mi sueño haciéndose realidad. Y estoy seguro que habrán más cosas que seguirán pasando.

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Esta es la última línea de los Agradecimientos de mi primera novela.

La segunda noticia llegó desde Estados Unidos, una Lamy 2000. Los chicos de The Goulet Pen Company hicieron un gran trabajo empaquetando algo tan valioso como esta pluma y llegó en perfecto estado. Tengo mucho por decir sobre mi amor por las plumas, pero eso lo dejaré para otro momento.

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Pluma: Lamy 2000, EF nib. Tinta: Lamy Blue/Black

Por ahora solo queda seguir escribiendo, seguir resistiendo y seguir encontrando el lado bueno de las cosas. Estoy seguro que cosas más grandes vendrán, yo seguiré sorprendiéndome y queriendo crear algo que cautive y, con algo de suerte, ayude a cambiar la vida de las personas.

 

 

 

 

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